En el Día Mundial de la Seguridad del Paciente, la identificación precisa, la trazabilidad y el intercambio de información confiable aparecen como condiciones esenciales para reducir riesgos y brindar una atención más segura.

Por GS1 Argentina.
La seguridad del paciente suele asociarse con grandes decisiones médicas, nuevas tecnologías o procedimientos de alta complejidad. Sin embargo, también depende de algo mucho más cotidiano: que la información correcta esté disponible en el momento preciso y pueda ser comprendida por todas las personas y sistemas que intervienen en la atención.
Un medicamento confundido con otro, una fecha de vencimiento que no se detecta a tiempo, un dispositivo que no puede localizarse ante una alerta o un dato incompleto durante una derivación pueden convertirse en riesgos concretos. En salud, identificar bien no es un detalle administrativo. Es parte del cuidado.
Cada 17 de septiembre, la Organización Mundial de la Salud impulsa el Día Mundial de la Seguridad del Paciente para concientizar y promover acciones que reduzcan daños evitables. En 2026, la campaña está dedicada a la atención segura de las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas, bajo el lema Cuidado seguro para toda la vida.
El foco es especialmente relevante porque estos pacientes suelen atravesar tratamientos largos, utilizar distintos medicamentos y dispositivos y recibir atención en múltiples ámbitos.
La OMS advierte que, a nivel mundial, uno de cada diez pacientes sufre algún daño durante la atención sanitaria y que cerca de la mitad de esos daños podrían prevenirse. Cuando el cuidado se extiende durante años, cada transición y cada intercambio de información suman un nuevo punto en el que puede producirse un error.
La trazabilidad empieza por identificar con precisión
Para seguir el recorrido de un medicamento o de un dispositivo médico, primero es necesario identificarlo de manera única. Luego, esa identidad debe poder leerse y compartirse sin cambiar de significado entre un laboratorio, un distribuidor, una farmacia, un hospital o un sistema de información.
Los estándares globales cumplen justamente esa función: ofrecen un lenguaje común. A través de identificadores y códigos estandarizados, como GS1 DataMatrix, es posible vincular un producto con datos relevantes como su número de lote, fecha de vencimiento o número de serie.
Esa información puede utilizarse para verificar productos durante la recepción, el almacenamiento, la dispensación y la administración, y también para actuar con mayor rapidez frente a un retiro del mercado o una alerta sanitaria.
En el punto de atención, el escaneo puede ayudar a confirmar que el paciente y el medicamento indicados coincidan con el registro correspondiente. En la gestión hospitalaria, permite mejorar el control de inventarios, detectar vencimientos y conocer qué insumos se utilizaron. A lo largo de la cadena, facilita que los diferentes actores trabajen sobre una misma referencia y disminuyan las ambigüedades.
Tecnología con procesos y personas
La tecnología, por sí sola, no elimina los errores. Un código de barras no reemplaza los protocolos, la capacitación ni el criterio de los equipos de salud. Su valor aparece cuando se integra a procesos bien diseñados, con datos de calidad y sistemas capaces de intercambiarlos.
También es importante que la información acompañe al paciente más allá de una institución. En especial en las enfermedades crónicas, la atención puede desarrollarse entre consultorios, laboratorios, farmacias, hospitales y el propio hogar. La interoperabilidad —la capacidad de distintos sistemas para comprender y utilizar la misma información— ayuda a sostener la continuidad del cuidado y a evitar que los datos se pierdan o deban reconstruirse en cada etapa.
En la Argentina, los estándares GS1 forman parte de los sistemas de trazabilidad de medicamentos y dispositivos médicos. Su aporte es silencioso pero fundamental: hacer que productos, instituciones, ubicaciones y procesos puedan identificarse de manera consistente, favoreciendo información más clara, verificable y compartida.
Una responsabilidad compartida
La seguridad del paciente no depende de una única organización ni comienza cuando la persona llega al hospital. Se construye desde el origen de cada producto, continúa durante su distribución y almacenamiento y se confirma en el momento de la atención. Fabricantes, distribuidores, prestadores, profesionales, autoridades y proveedores tecnológicos forman parte de una misma red.
El desafío no consiste solamente en incorporar más tecnología, sino en asegurar que la información sea válida, esté actualizada y pueda acompañar al paciente a lo largo de todo su recorrido. Porque detrás de cada dato hay una decisión y detrás de cada decisión hay una persona.
En este Día Mundial de la Seguridad del Paciente, renovar ese compromiso significa avanzar hacia un sistema de salud donde identificar, registrar y compartir correctamente no sean tareas aisladas, sino condiciones básicas para cuidar mejor.