No toda la logística termina cuando un producto llega al consumidor. Devoluciones, reparaciones, reciclaje y envases reutilizables también necesitan un recorrido organizado para volver a entrar en la cadena de valor.
Normalmente pensamos la logística como el camino que hace un producto desde su origen hasta llegar al consumidor. Sin embargo, muchas veces ese recorrido continúa.
Una devolución, un envase que vuelve para reutilizarse o un producto que necesita ser reparado hacen el camino contrario. A ese proceso se lo conoce como logística inversa.
Cuando el producto hace el camino de vuelta
La logística inversa organiza el regreso de productos y materiales desde el consumidor hacia la empresa, el distribuidor u otro punto de la cadena.
¿Para qué vuelven? Depende de cada caso. Un producto puede regresar para:
- Volver al stock después de una devolución.
- Ser reparado o reacondicionado.
- Reutilizar su envase.
- Recuperar materiales.
- Ser reciclado.
- Recibir una disposición adecuada al final de su vida útil.
Por ejemplo, una prenda devuelta puede volver a ponerse a la venta. Un celular usado puede reacondicionarse. Y un envase retornable puede regresar al circuito para utilizarse nuevamente.
Mucho más que gestionar devoluciones
Una buena logística inversa permite recuperar parte del valor de productos y materiales que, de otra manera, podrían convertirse en residuos.
Además, ayuda a ordenar las devoluciones y mejorar el control de lo que vuelve a ingresar a la empresa. En modelos con envases reutilizables, también permite mantener los activos en circulación durante más tiempo.
Por eso, este proceso está estrechamente relacionado con tres conceptos conocidos: reducir, reutilizar y reciclar.
¿Qué tiene que ver con la economía circular?
La economía circular busca extender la vida útil de productos y materiales para aprovechar mejor los recursos.
La logística inversa ayuda a hacerlo posible porque crea el recorrido necesario para que esos productos puedan volver, ser identificados y encontrar un nuevo destino dentro de la cadena.
Pero para gestionar ese recorrido se necesita información. Una empresa debe poder saber qué producto regresó, de dónde viene, dónde está y qué debe hacer con él.
Identificar para poder seguir
Aquí la identificación y la trazabilidad cumplen un papel fundamental.
Los estándares GS1 permiten identificar productos, ubicaciones y otros elementos de la cadena mediante un lenguaje común. Además, facilitan la captura y el intercambio de información entre las organizaciones que participan del proceso.
Esto puede ayudar a seguir el recorrido de productos y envases, mantener información consistente y conocer qué ocurre en cada etapa.
En una economía circular, poder recuperar un producto es importante. Saber cuál es, dónde está y cuál fue su recorrido permite gestionar ese regreso de manera más eficiente.
De un residuo a un recurso
La logística inversa cambia la forma de pensar el final del recorrido de un producto.
En lugar de asumir que todo termina después de la venta, permite evaluar si ese producto, envase o material puede volver al circuito y conservar parte de su valor.
Así, logística, trazabilidad y datos confiables se convierten en aliados para avanzar hacia cadenas de valor más eficientes y circulares.
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